Heather



BREZO

Palabras claves:

Centrado en sí mismo
Locuaz y pobre escucha
No soporta la soledad

“En la oficina, un hombre le cuenta a su compañero de trabajo dónde va pasar las vacaciones.
- Este año voy al campo.  Al mar no puedo ir.  Mi mujer no se mete en el agua porque tiene miedo de ahogarse.
- ¿No sabe nadar?
- Nadar, sabe.  Lo que  pasa es que no puede estar mucho tiempo con la boca cerrada.


Podemos suponer que la persona Heather sufre tal carencia afectiva, que necesita que se ocupen de ella permanentemente.  Habla de sí misma, abruma contando sus experiencias, todo lo que se refiere a ella y necesita ser centro constantemente.  Estas personas no dan espacio al otro y son indiscriminadas en su búsqueda de interlocutores.  Se adhieren a los demás pues no toleran la soledad y suelen obtener en general, el efecto contrario, es decir que los demás huyen de ellos.

Si bien este estado mental suele encontrarse en forma crónica, también puede ser un estado temporario en momentos en que la persona vea sus problemas difíciles de resolver y se mueva a la búsqueda de interlocutores que puedan ayudarla.

En la clínica se observa que la locuacidad suele estar asociada a un incremento en la ingesta, la que disminuye al dar el medicamento.

Algunos estados hipocondríacos remiten al administrar Heather, siempre que se observe que la intencionalidad de la hipocondría sea obtener compañía.

El aspecto positivo de este estado mental se encontraría en aquellas personas que pueden escuchar y ayudar al otro, pese a lo difícil que haya resultado su vida.

“La señora Ferrars murió la noche del 16 al 17 de septiembre, un jueves.  Me enviaron a buscar a los ocho de la mañana del viernes 17.  Mi presencia no sirvió de nada; hacía horas que había dejado de existir.  Unos minutos después de las nueve, regresaba yo a casa.  Abría la puerta de la calle con mi llave y me entretuve adrede en el vestíbulo, colgando mi abrigo…..Del comedor, llegó un leve ruido de tazas….acompañado de la tosecilla seca de mi hermana Carolina.
-¿Eres tú, Jaime?
Pregunta vana, pues, ¿quién había de ser? Para ser franco, mi hermana Carolina era precisamente la que motivaba mi retraso.  El  lema de las mangostas es según Kipling, “Ve  y entérate”…   Carolina lo descubre todo permaneciendo tranquilamente sentada en casa. ¡No sé cómo se las compone; pero así es!  Sospecho que las criadas y los  proveedores constituyen su policía secreta.   Cuando sale, no es con el fin de ir  en busca de información, sino de divulgarla.  En este terreno también se muestra asombrosamente experta.
Esta última característica suya era lo que me hacía  vacilar.  Fuese lo que fuese  lo que dijera a Carolina sobre la muerte de la señora Ferras,  lo sabría todo el mundo en el pueblo al cabo de hora y media.  Mi profesión me inclina naturalmente a la discreción y acostumbro, en consecuencia, a esconder a mi hermana cuantas  noticias puedo.  Generalmente logra enterarse a pesar  de mis  esfuerzos . . .Mientras vacilaba en el vestíbulo, pensando vagamente en toda esas cosas, la voz de Carolina llegó  de nuevo más aguda:
-¿Qué haces ahí Jaime? ¿Por qué no vienes a desayunar?
- Voy, estoy colgando el abrigo….Entré al comedor,  y me senté ante un plato de huevos fritos con tocino.
-Te han llamado temprano –observó Carolina.
-Sí.  Desde King`s Paddok…La señora Ferrars.
-Lo sé.-dijo mi hermana.
-¿Y cómo lo sabes?
-Anita me lo ha dicho.
Anita es la doncella, buena chica, pero terriblemente habladora.
Hubo una pausa….La nariz de mi hermana, se estremecía levemente en la punta como ocurre siempre que algo le interesa.
-¿Pues bien? –dijo ella.
- Mal asunto.  Nada que hacer…Debió morir durmiendo.
- Lo sé –repitió mi hermana.
- No puedes saberlo –dije secamente- No lo sabía yo antes de llegar allí y no lo he dicho todavía a nadie.  Si Anita está  enterada, debe ser clarividente.
- No me lo ha dicho Anita, sino el lechero.  Se lo ha explicado la cocinera de los Ferras.
Ya he dicho antes que no es preciso que Carolina salga a recoger informaciones. Permanece sentada en casa y éstas vienen a ella.
Mi hermana continuó:
-¿De qué murió? ¿Un ataque cardíaco?
-¿Acaso no te lo ha dicho el lechero? –inquirí sarcásticamente.
Los sarcasmos resbalan sobre Carolina. Se los toma en serio y contesta asimismo.
- Lo ignoraba –explicó.   (“El asesinato de Rogelio Ackroyd”  Agatha Christie).

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