Bibliografia

CLEMATIDE
Palabras claves:
Soñadores
Falta de interés en el presente
Inconsciencia

“Mollejón Confite supo ser asunto serio pa la fantasía. A la mujer dos por tres la desconocía, pa poder conocerla de nuevo y conquistarla. Hasta que un día la mujer se hartó y lo dejó solito con su fantasía”. (Juceca).
“Entre el vivir y el soñar
hay una tercera cosa.
Adivínala.
Tras el vivir y el soñar
está lo que más importa:
despertar.”
(A. Machado)
La personalidad Clematis huye de la realidad. No quiere estar en ella. Huye a través de la fantasía, del sueño diurno, del proyecto futuro. Personalidad solitaria que no quiere que los otros invadan su mundo de sueños. Sensible a los ruidos y otros estímulos, porque éstos lo traen a la realidad que no quiere ver ni oír, lo que puede llevar, a la larga, a patologías de la vista y del oído. Pálido, lento, indiferente, indisciplinado, se enferma fácilmente y a veces cae en obsesiones religiosas. Escapa a las experiencias que la vida le presenta, no quiere integrarse al mundo. Se ha dicho que Clematis es el medicamento de la Bella Durmiente.

Siempre que haya exceso de sueño, tomar Clematis, o en situaciones en las que la persona necesita estar alerta y no dormirse, como el automovilista que conduce en la carretera. Otra de las indicaciones más comunes es en las dificultades de concentración. Es el medicamento para el alumno distraído.
El tipo positivo de Clematis estaría constituido por aquellas personas que han podido engarzar las fantasías, los sueños y los ideales en la trama del cotidiano presente. Así, poetas, músicos, artistas son los Clematis positivos, encargados de llevar al hombre más allá de los límites de la realidad presente, no para huir, sino para evolucionar.
Ejemplos personalidades Clematis:
El gran arquitecto catalán Antonio Gaudi
El cantante y compositor uruguayio Eduardo Mateo
El inventor Alexander Graham Bell

“Mollejón Confite supo ser asunto serio pa la fantasía. A la mujer dos por tres la desconocía, pa poder conocerla de nuevo y conquistarla. Hasta que un día la mujer se hartó y lo dejó solito con su fantasía.
Una vuelta diba tranco y tranco por esos campos cuando de repente mira así pal suelo, ve una piedra, y le viene un ataque de fantasía. Se le hizo que aquella piedra era un pájaro caído de algún nido, la levantó con cuidado, le dio un besito del lau que le pareció del pico, y con ella en la alma de la mano cayó al boliche El Resorte..
Dentró, saludó, se acordó, y puso la piedra arriba del mostrador. Mientras tomaba su vino acariciaba la piedra. Ahí lo empezaron a mirar de reojo, porque gente tomando vino y acariciando una piedra se daba poco en el boliche. Nadie le dijo nada, por respeto, pero el que se acercó a olfatear fue el barcino. Mollejón lo vio venir, y por miedo a que le comiera el pichón lo voló de un sopapo. Fue cuando se le arrimó el tape Olmedo.
- Vea don Mollejón –le dijo-, si usté le vuelve a pegar al barcino, agarro esa piedra que tiene ahí y se la quiebro en la frente pa que no sea pavo, ¿me oyó?
Mollejón siguió acariciando la piedra como a favor del plumaje y comentó:
- Piedra no; pichón de pajarito dirá usté.
Alguien dijo que lo mejor era sacarlo cortito y que se fuera a loquiar a otro lado, pero la Duvija se opuso. Según ella era mejor que creyera que las piedras eran pájaros, y no que los pájaros eran piedras. Ahí le alabó el pichoncito, lo acarició, le hizo pío, pío y le arrimó unas comiditas. Rosadito Verdoso, desde un rincón, dijo que estaba lindo pa bajárselo de un hondazo.
Vino va, vino viene, pa la madrugada el que más el que menos acariciaba la piedra, y alguien dijo que por el color, clavau era hembrita. El barcino, agazapau en un rincón, lo miraba con curiosidá y con nervio. La Duvija trajo una cajita con varios aujeros en la tapa, y lo pusieron adentro pa que no tomara frío y pa que el gato no se tentara. Fueron varios los que contaron historias de pájaros de todas las especies, de canaritos famasos por el redoble, de churrinches tan rojos que con cuatro se hacía un brasero, de chingolos y calandrias, de viudidtas y de horneros. Cuando venía clariando, se oyó chispear en la cajita. Un mamau, curioso, la destapó pa mirar y allá se voló el pichón por la ventana pa dirse a posar en una ramita. El curioso se disculpó por su imprudencia. Mollejón pidió otra botellita y comentó sin alegría:
- No tiene importancia, vecino. Se ve que no era jaulero.” (Pichón de “Entretanto cuento; Juceca, Julio César Castro)

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