Casos Hornbeam



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Mujer, 53 años, soltera.  Dirigía una escuela de niños y trabajaba muy presionada.  Todas las mañanas se despertaba tan cansada que sentía que no podría terminar ese día de trabajo.  Tan intensa era esta sensación que pensaba en renunciar.  Tenía muchas dificultades en la vista también.  Se le recetó Hornbeam para la sensación general de cansancio y Scleranthus para ayudarla a tomar una decisión ya que la indecisión contribuía a su angustia emocional.  La mejoría fue rápida y definida.   Informó que se sentía menos cansada y que la vista fatigada había disminuido.  Continuó el tratamiento durante tres meses, al cabo de los cuales nos escribió lo siguiente:  “De nuevo me siento muy bien y sólo a veces tengo dificultades en la vista.  Otra vez tengo la energía y la capacidad indispensables para llevar adelante mi trabajo y no aplazo las cosas como solía hacer”.

Mujer, de 50 años, casada.  Se había vuelto muy irritable y agria y no sabía si tendría fuerzas para seguir atendiendo a su hija casada que esperaba un hijo para dentro de quince días.  No creía que pudiera afrontar el trabajo extra que la presencia de la hija demandaría.  Normalmente ella era activa y enérgica pero ahora, aunque se las ingeniaba para hacer las tareas domésticas, con sólo pensar en ellas se sentía cansada.  Le habían salido llagas entre los dedos de los pies, grietas abiertas que la angustiaban. Se le recetó Impatiens para la irritabilidad. A los veintiún días nos escribió para decirnos: “La medicina actuó en forma milagrosa.  ¡En pocos días me convertí en un ser diferente! El bebé nació y todo es felicidad.  Los dedos de los pies están curándose”.  Volvió a escribir al mes y dijo que se sentía realmente bien de nuevo y que el estado de sus pies se había normalizado por completo.

Hombre, de mediana edad, mariscal del aire de la Royal Air Force. Había trabajado en exceso y se había esforzado demasiado durante varios años. Ahora al despertarse por la mañana sentía que no podría afrontar el día de trabajo aunque de alguna manera lograba hacerlo. Sufría de várices y tenía dificultades para permanecer de pie; operarse era urgente pero él quiso intentar primero con los remedios de Bach.  Se le indicó Hornbeam para darle fuerza y vitalidad en su trabajo; también se le dio como loción para las piernas.  Siguió el tratamiento durante unas semanas con buenos resultados.  Ahora cuando se despertaba por la mañana sentía que podía afrontar el trabajo que le esperaba.  Luego de tres meses de tratamiento descubrió que podía estar de pie durante largos períodos sin molestias y que la hinchazón de las venas había cedido casi por completo, para gran sorpresa del cirujano.  Estaba curado del todo y no tenía que operarse.  Nunca reapareció este problema.

Mujer de mediana edad, soltera.  Expresó que siempre estaba cansada.  Cuando se despertaba por las mañanas sentía que no podría levantarse de la cama y que nunca lograría hacer los quehaceres domésticos.  Su sueño estaba agitado por pesadillas.  El año anterior estuvo en un importante accidente de tren y, aunque no resultó lastimada, el shock fue considerable y los trenes le producían  pavor.  Aunque había empezado a sentirse cansada antes del accidente ella creía que si pudiera superar la fatiga todos sus otros temores desaparecerían.  Le recetamos Hornbeam para la fatiga; Star of Bethlehem para el shock del accidente ferroviario y Honeysuckle para contrarrestar el recuerdo de los destrozos.  Con los remedios se preparó también una loción para aplicarse en la mano izquierda, que tenía dolorida e hinchada por un accidente hogareño.  Al mes informó que había tomado un tren  para Edimburgo y que le había sorprendido mucho no sentirse tan nerviosa como esperaba. Agregó que se sentía mejor y más descansada.  Se le repitieron los remedios con la adición de Crab Apple porque tenía una secreción en el ojo derecho.  Un oftalmólogo le había dicho que sólo una operación no era necesaria.  El dolor que tenía en la mano al principio aumentó pero ahora había desaparecido del todo.  Ella estaba curada y no tuvo recaídas.

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Hombre, de 62 años de edad.  Había perdido el brazo derecho como resultado de una accidente de trabajo.  En los últimos tiempos dormía mal, se sentía muy débil y no sabía si podría seguir trabajando.  Además tenía problemas digestivos y sufría de una depresión que a veces llegaba al punto de una desesperanza pronunciada.  Se le recetó Hornbeam para fortalecerlo en mente y cuerpo y Gorse para el sentimiento de desesperanza.  La respuesta fue rápida y notable.  El primer mes escribió:  “Vuelvo a ser el que era antes.  Tengo buen apetito y como bien sin efectos posteriores.  Duermo bien y descanso toda la noche”.

Mujer de 29 años.  Era bailarina profesional de ballet.  En el momento en que recurrió a nosotros se despertaba de mañana cansada mental y físicamente y no sabía si podría enfrentar su arduo día de trabajo; empezó a pensar que superaba sus posibilidades.  Sufría de constipación y de prolapso de las vísceras lo cual le causaba un dolor intenso después de cada comida.  En consecuencia se  quedaba sin comer todas las veces que podía  y eso contribuyó al cansancio y la debilidad.  Tenía un miedo anormal de enfermarse porque cuando era chica su madre se enojaba mucho cuando ella se enfermaba.  Se le recetó Hornbeam para su mente y cuerpo cansados; Mimulus par su temor a enfermarse y Gentian para la depresión y la desesperación. En los primeros días del tratamiento empezó a sentirse mejor.  No tenía el dolor después de comer como le ocurría regularmente antes pero todavía se veía obligada a enfrentar el día que le esperaba.  Se repitieron los remedios y continuó tomándolos durante otros tres meses.  Su estado mejoró en forma gradual.  La constipación desapareció y evacuaba con regularidad todos los días.  Después de comer no sentía ningún dolor.  Siguió tomando los remedios y unos meses después nos escribió:  ¡Me siento maravillosamente bien! ¡No tengo malas noticias para darles! Estoy mucho más fuerte y llena de vitalidad!

Mujer, de 40 años viuda.  Había enviudado unos tres años y medio antes de recurrir a nosotros.  Dijo que se sentía fatigada de mente y de cuerpo desde la muerte del marido; que le costaba hacer  frente a cada día.  Un año antes había experimentado dolores violentos en el abdomen; dolores que iban y volvían; a veces durante un mes y medio.  Recientemente habían empezado a reaparecer con un frecuencia progresiva hasta que por último, cuando vino a vernos, había desarrollado colitis y diarrea considerables.  Ella explicó que el dolor empezaba antes de levantarse cada mañana y que con las dietas que le había recetado no había pasado nada; sólo tomaba líquidos  perdía mucho peso por la constante diarrea.  Se le indicó Hornbeam para fortalecerla, Mimulus debido al miedo a los dolores violentos y a los frecuentes movimientos intestinales y Scleranthus porque dijo que no podía tomar decisiones.  Luego de un mes, dijo: “Me siento más alegre y fuerte pero la diarrea y los dolores siguen”.  Dos meses más adelante escribió de nuevo para decirnos:  “Me siento mucho mejor.   Superé mucho la angustia y estoy mucho más dispuesta a levantarme por la mañana y hacer el trabajo.  Los dolores y la diarrea no se produjeron durante el mes pasado”.  Continuó tomando los remedios durante otro mes pero nunca retornaron los dolores ni la diarrea.

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