Casos Gorse



Casos Gorse

Mujer, 52 años, casada. Durante la entrevista dijo que durante toda la vida se había inclinado por ver el costado oscuro de las cosas.  Ahora se sentía desesperanzada; ya  no intentaba recuperar la salud ni tampoco tenía esperanzas de que eso sucediera.  Como resultado de su visión negativa, durante años sufrió de bronquitis y resfríos.  De noche tenía la sensación de que se sofocaba, además de padecer de tos crónica; no podía dormir bien y por lo general se despertaba con dolor de cabeza.  Había intentado toda clase de curaciones sin éxito y con franqueza dijo que los  remedios le inspiraban muy poca confianza.  Se le recetó Gorse como remedio tipo, para la desesperanza y Hornbeam para ayudarle a recobrar la fuerza para enfrentar la vida.  Su primer informe fue entusiasta; explicaba que se sentía más contenta y menos deprimida y que veía un rayito de esperanza.  Había mejorado de la tos y estaba menos fatigada.  Durante los dos meses siguientes tomó  los mismos remedios.  Esta vez escribió para decir que se sentía mucho más optimista; la sensación de sofocación había desaparecido y ya no se fatigaba.  Además, por primera vez en años, dormía bien.  La tos persistía pero se añadió  Vervain a los remedios originales para reducir la tensión y el sentimiento de coacción que le ocasionaban las tareas de la casa que debía hacer aunque no se sintiera bien.   Tomó los remedios durante otros dos meses y nos escribió:  “Me siento una persona distinta desde que tomo los remedios”.  Fue a Canadá y continuó el tratamiento durante cinco meses más.  Volvió a escribir para decir que estaba bien y que la tos había desaparecido y que ninguno de los síntomas anteriores había vuelto.

Hombre, 51 años.  Durante los últimos veintiocho años había sufrido de psoriasis en las piernas, con irritación y escamas.  Esta aflicción, que había sido producida por un período de ansiedad y preocupación, le causaba gran tormento mental y desesperaba de curarse alguna vez.  Por naturaleza tenía tendencia a ser demasiado serio; aunque tenía sentido del humor no podía suprimir una sensación de disgusto engendrada por la enfermedad.  Francamente no tenía esperanzas en curarse pero para dar el gusto a su mujer nos consultó.  Se le recetó Gorse por su extremada desesperanza  y por la larga duración y la persistencia del malestar; Agrimony para combatir el tormento mental que le provocaba la psoriasis y Crab Apple para el disgusto consigo mismo y para que le limpiara la mente y el cuerpo.  Un mes más tarde nos escribió:  “Me siento mejor conmigo mismo y más esperanzado.  Tengo la piel menos irritada que en mucho tiempo y la escamación es insignificante, mientras que el tamaño de las llagas disminuye”.  El tratamiento continuó durante seis meses más, al cabo de los cuales una carta suya decía:  “Jamás me sentí tan bien en la vida.  Es casi imposible creer que me he curado de una enfermedad tan larga.  Cada día que pasa me siento mejor”

“Hombre, de mediana edad.  Era un auténtico pesimista que nunca había esperado mucho de la vida y que siempre estaba deprimido.  Diez años antes de consultarnos, cuando estaba en la Armada, sufría de manos muy  agrietadas en el invierno y de piel escamada en el verano.  Esto persistía desde aquel entonces y él estaba lo suficientemente  desesperado y desesperanzado como para creer que habría  una curación.  Se le recetó Gorse como remedio tipo para su desesperanza y Crab Apple para limpiar mente y cuerpo.  Informó  que los dos primeros días se había sentido soñoliento y apático pero que después empezó a sentirse más activo, con mayor vitalidad.  Las manos comenzaron a curarse pero cuando el tiempo se puso más frío sufrió una recaída que lo desalentó.  El tratamiento siguió otro mes y él informó que tenía “una sensación de buena salud, una mente mucho más despierta y las manos curadas del todo”.  Siguió con el tratamiento pero nada parecía dar resultado.  Dijo que intentaría con los remedios de Bach para complacer a sus amigos pero  que tenía pocas esperanzas en curarse.  Le recetamos Gorse, como remedio tipo, para la desesperanza y añadimos Impatiens para su irritabilidad y disgusto.  Al principio sus progresos fueron lentos; luego de algunas semanas dijo que los dolores de cabeza, que había tenido toda la vida, se le habían pasado.  En los meses siguientes hizo progresos lentos pero después de eso escribió:  “Tengo sentido del humor y gozo mucho de la vida porque me siento muy bien”.

Hombre, de 50 años.  Durante años tuvo un dolor agonizante y rigidez en la mano izquierda casi insoportables y que a veces lo incapacitaban.  Después de intentar sin éxito muchos tratamientos se volvió depresivo y desesperanzado.  Urgido por un amigo, que se había beneficiado con los remedios de Bach, aceptó probar.  Escribió para decir:  “De noche no puedo dormir y eso a veces me deprime mucho”.  Se le indicó Gorse como remedio tipo  para la desesperanza y debido a la duración de la afección.  Se le instruyó para que usara el remedio tanto oralmente  como en forma de loción  para mejorar la mano.  Volvió a escribir al cabo de un mes para decir que se sentía mejor; de nuevo podía dormir  y la hinchazón de la mano disminuía.  Siguió el tratamiento y después de dos meses informó:  “Ahora estoy bastante bien y les doy las gracias por el tratamiento.  Toda la hinchazón de la mano ha desaparecido”.  Continuó el tratamiento durante otro mes pero los síntomas nunca reaparecieron.

Hombre de 59 años.  Contrajo una neumonía doble por la que le administraron penicilina.  El médico tenía pocas esperanzas de que viviera.  Durante la crisis su mujer le dio repetidas dosis de Rescue Remedy y superó la crisis y vivió.  Cuando se dirigió a nosotros para que lo tratáramos, estaba muy débil; el corazón estaba agotado y jadeaba al respirar.  Había escupido sangre y se sentía sin esperanzas y desesperado-  Se le prescribió Gorse para la desesperación y la falta de esperanzas y Olive para que le diera valor y lo fortaleciera después de su grave enfermedad.  Pudo mantenerse sentado a medida que pasaban los días.  Toda su actitud había cambiado.  Dijo que ahora sabía que iba a mejorar.  Diariamente aumentaba de peso y casi no había sangre en su esputo.  Continuó el tratamiento durante cuatro meses, y se curó por completo.

Hombre, de 63 años.  Hasta donde podía recordar, siempre había tenido una ligera sinusitis que había ido de mal en peor durante los últimos dieciocho meses.  Unos nueve meses antes de que recurriera a nosotros para tratarse desarrolló trombosis en la pierna izquierda y estuvo hospitalizado durante algunos meses.  Cuando nos hizo llamar estaba en cama en su casa porue no podía caminar.  Cuando nos hizo llamar estaba en cama en su casa porque no podía caminar.  Dijo que desde su jubilación se sentía desmoralizado.  No tenía esperanzas, estaba desesperado y fatigado.  Se le indicó Gorse como remedio tipo para su notable falta de esperanza y también para la desesperación.  Al cabo de tres semanas informó que se sentía mejor; dormía bien y había recuperado el apetito.  Se añadió Gentian al remedio original para darle valor y un mes después nos hizo saber que se sentía magníficamente bien.  Caminaba aunque tenía rígida la rodilla y se sometió a fisioterapia para superar este inconveniente.  Luego de tres meses estaba muy bien y se sentía una persona diferente.  Estaba ansioso por reanudar sus actividades y su desesperanza era cosa del pasado.  La sinusitis ya no lo molestó y la rodilla estaba bien.

(“Flores de Bach”, Philip M. Chancellor)

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