Bibliografia

“Aquí tenemos una carta de una típica persona Centaury: Mi madre tiene una extraordinaria fuerza de voluntad. A veces casi tengo miedo de darle algún consejo o sugerencia. No me atrevo a decir cuánto deseo salir de casa, tan siquiera por algunas horas porque prefiero no tener que enfrentar el enojo inevitable. También me siento muy cansada y aunque anhelo progresar en mi pintura no encuentro tiempo ni energía. Me gustaría irme a dormir, tan cansada me siento. Deseo poder planear cosas yo sola. Deseo manejarme por mi cuenta y descansar y pensar y hacer las cosas cuando esté descansada. Un amigo y su mujer vinieron a visitarnos los otros días e insistieron en sacarme a pasear. Mamá se enfureció y dijo que no tenían derecho a hacer eso; que tendrían que haberla llevado ella también. Muy diferente fue la actitud de mi marido, que simplemente dijo: “Qué amables. Espero que te diviertas!”.
Se le prescribió Centaury como remedio tipo, para su incapacidad de imponerse y continuó el tratamiento durante tres meses. De a poco comenzó a vivir su propia vida. Insistió en que todos los días tenía que reservarse un tiempo para dedicarse a la pintura y visitar a sus amigos. Por último, con amabilidad pero con firmeza insistió en que tenía que hacer su camino y, para su gran sorpresa, descubrió que al no complacer cada capricho de su madre lo que hacía era ayudarle. Su madre empezó a ser mucho más considerada con otras personas, probablemente por primera vez en su vida.
Mujer, 41 años. Madre de dos hijos. Sufría mucho de insomnio y prácticamente no había dormido durante los tres meses previos a la entrevista. Se había sometido a distintos tratamientos, incluidos los electroshocks, pero ninguno la había ayudado lo suficiente. Cuando vino a vernos tenía baja presión, estaba anémica y se sentía exhausta pero lo peor de todo es que había perdido interés en su apariencia y en la vida en general. Había tenido una infancia difícil. Su padre dominaba toda la familia y para él los hijos eran simplemente esclavos. Ella sentía que no era “nadie” y siempre se esmeraba para lograr aprobación. Era muy sensible a las opiniones de otros y sentía la compulsión de “hacer siempre lo que era correcto”. Se le recetó Centaury como remedio tipo para librarla de la dominación de su padre y por su actitud servil respecto de las convenciones. Se agregó Honeysuckle para ayudarla a romper lazos con el pasado y Olive para contrarrestar su agotamiento mental y corporal. Después del primer mes, su visión de las cosas era más entusisasta. Escribió que había retomado el golf pero que su sueño no mejoraba. Se añadió Rpck Rose a los remedios para ayudarla a distenderse y ser menos estricta consigo misma y poder así disfrutar de los placeres de la vida. Al mes siguiente dijo que dormía mejor. Dos meses más tarde, su marido escribió para decir que ella jugaba de nuevo al golf dos veces por semana, que había recuperado el interés por la ropa y que volví a gozar de la vida.
Varón de 11 años. Siempre lo afligía resfríos fuertes y gripes. Por consiguiente faltaba mucho a la escuela y su educación se vio perjudicada. El médico de la familia sugirió que le extirparan las amígdalas. El era más bien un chico retraído y cualquiera que tuviera una voluntad más fuerte que la suya podía dominarlo. Se le recetó Centaury como remedio tipo, junto con Hornbeam para que se fortaleciera; los continuos resfríos habían minado su fuerza y vitalidad y hasta el deseo de hacer cualquier esfuerzo. Tomó los remedios durante dos meses y pasó el invierno sin un resfrío; su salud mejoró tanto que la idea de la operación de amígdalas quedó descartada. También desarrolló una firma determinación y una fuerte voluntad.
Mujer, de 62 años de edad. Vivía con su madre anciana, que tenía noventa y un años. La madre tenía una personalidad muy fuerte y, como un vampiro, succionaba toda la energía de su hija hasta que ésta se sintió enteramente exhausta en cuerpo y espíritu. Se le recetó Centaury como remedio tipo para ayudarla a desprenderse de la dominación materna. Y para que tuviera fuerza y pudiera hacer sus tareas diarias se añadió Hornbeam. Cuando vino a vernos sufría también de dolor de cabeza y sinusitis. Después del primer mes informó que se sentía mucho mejor. Los dolores de cabeza eran menos frecuentes, se sentía menos agotada y tenía mucha más energía. Se repitieron los mismos remedios con el agregado de Holly, porque escribió que tenía pensamientos y emociones muy desagradables referidos a su madre. También se le aconsejó que ampliara su vida social y que saliera con amigos con más frecuencia; en otras palabras, que procurara hacer su propia vida. La carta final que nos envió, después de otro período de dos meses, indicaba que estaba bien. Los dolores de cabeza y la sinusitis eran cosas del pasado. Podía controlar los pensamientos desagradables que le inspiraba su madre y por último pudo hacerle frente. Hacía su propia vida y era una persona feliz.
Mujer, de 50 años. De profesión cocinera. Nos escribió: “Mi madre y mi hermana están en un hospicio. Mi padre era muy dominante y con nosotras siempre hizo lo que quiso. Al parecer, en mí todavía pueden influir otras personas y yo hago lo que ellas me dicen que haga. Me canso tanto que no puedo dormir y no puedo defenderme”. Se le prescribió Centaury como remedio tipo. Después de tomar dos frascos de la medicina, escribió de nuevo para decir: “¡Es asombroso! Estoy mucho mejor y hasta puedo decidir por mí misma en vez de cumplir las órdenes de otro”.
Mujer, 67 años. Casada. Constitución muy frágil, anémica. En la casa trabajaba en exceso. Se había vuelto ansiosa, deprimida, desdichada y celosa porque se la descuidaba. Aunque hacía todo lo que podía para complacer a su familia estaba bajo su dominación y no podía defender sus derechos. Para ayudarla a superar la dominación familiar se le dio Centaury como remedio tipo y además Holly, por los pensamientos angustiosos generados por sus emociones. Hubo una mejoría física inmediata; una contusión que tenía en la rodilla se le curó y la fibrositis que tenía en la espalda desapareció para no retornar, pero la depresión subsistió. Los mismos remedios se le repitieron por un período de cuatro meses y durante ese tiempo ella mejoró física y emocionalmente en forma gradual. Por último, la depresión desapareció y no retornó. Descubrió que podía hacer frente a su familia y hacer valer sus derechos. Los análisis de laboratorio establecieron que ya no estaba anémica.

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